Estás en lo más alto, el viento helado se mueve a tu alrededor llegando hasta tus huesos, (estoy listo) y el sol te mira con su ardiente ojo. Miras hacia abajo, un kilómetro, una pendiente de 63 grados. (No estoy listo). El blanco intenso de la nieve te llama y te provoca (estoy listo). Pones tu tabla encarando la caida (no estoy listo). Una única y solitaria gota de sudor cae por tu espalda y se congela al instante. Este es el momento, con todo silencioso, con su blanqueza pura, con tu cuerpo anticipando la subida de la adrenalina. (Estoy listo). Te inclinas hacia delante.